Al recibir la noticia pensó en dos personas: su mamá, Catalina Elena Sintes; y, su maestro, Louis Germain. A los dos les debía quien era, y, por supuesto, el Premio Nobel de Literatura, otorgado en 1957, por el conjunto de su obra filosófica.
¡Vago! ¡Inútil! ¡Inservible! La mujer no escatimó improperios contra aquel infeliz. La cabaña estaba llena de humo, la tortas quemadas y el visitante distraído, como si estuviera en otro mundo.
La cólera es mala consejera. Envainó la espada, todavía húmeda con la sangre de su halcón favorito; recogió con suavidad el cadáver del ave, montó en su caballo y bajó la colina, afligido, el emperador del Mundo, Gengis Khan.
“No hay deber más necesario, que el de dar las gracias.” Lo dijo Marco Tulio Cicerón (106 a.C.-43 a.C), el Príncipe de los Oradores, como solían llamar -en los últimos años de la República romana- al Padre de la Patria.
Nunca digas adiós. Joven, migrante, pobre, sin hijos y viuda. Una situación difícil para una mujer, allá por el año 1,200 a.C. Rut, era una moabita; se casó con Mahlon, hijo de Noemí; su esposo, Elimelec, y el otro retoño, Quelión, murieron.
El árbol era un cedro. En su base medía dos metros de ancho; se erguía por casi siete más, hasta romper el aire con sus ramas. Salomón habría deseado varios así, para las columnas del Templo de Jerusalén.
Sepultó a su joven hijo. Colgó las alas, y nunca más volvió a volar. Dédalo es la humildad del sabio; Ícaro, la arrogancia del ignorante. Padre e hijo protagonizaron uno de los más hermosos mitos griegos, por la profundidad de su mensaje.
Cierto día salió a cumplir un encargo de su padrastro. Hércules era joven y de rostro delicado; a cada paso pensaba en quienes vivían en la molicie y el gozo; mientras él llevaba una vida de trabajo y dolor.
Cuando abrió los ojos creyó que estaba muerto. Una mujer estaba inclinada a su lado; le vendó la pierna destrozada por una granada y le dio un jarabe, para calmar el dolor. Lo sacaron de la batalla en un desvencijado carromato.
Era un león muy fiero. Como imaginamos que son. Androcles, un esclavo, bueno y humilde como una oveja. Los dos llevaban vidas separadas, hasta que la maldad humana los juntó, para que solo uno matara al otro, y sobreviviera.
Un proyecto desarrollado desde 2020 en Punta Leona ha instalado 75 arrecifes artificiales que favorecen la recuperación de la biodiversidad marina en Playa Blanca.