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miércoles, noviembre 30, 2022
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Robinson construye un bote

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Imagen tomada de internet

El árbol era un cedro. En su base medía dos metros de ancho; se erguía por casi siete más, hasta romper el aire con sus ramas. Salomón habría deseado varios así, para las columnas del Templo de Jerusalén.

Tenía muchos años de estar en esa isla, desde el 30 de setiembre de 1659, según anotó en el diario que pudo rescatar, tras naufragar; solo él sobrevivió, rodeado por el mar, la naturaleza, sin nadie.

Robinson Crusoe ignoraba que esa isla estaba en la mente de su creador, Daniel Defoe (1660-1731), él era fruto de su inspiración literaria, y sus peripecias brotaban de la imaginación de aquel inglés, tan aventurero y osado como él.

Sin considerar los inconvenientes decidió derribar el árbol, fabricar una canoa, arrastrarla -por varios kilómetros- hasta la orilla del mar y lanzarse a las aguas, para salir de aquella prisión.

Estaba concentrado en su objetivo; no reparó en la ausencia de herramientas adecuadas. Tardó 20 días en aserrarlo a punta de hacha; 14 más en cortar las ramas, y un mes adicional en limpiar el tronco.

Duró 90 días en ahuecar el interior para darle forma de bote; carecía de fuego, martillos o cinceles, aún así, pudo construir una piragua, en la cual fácilmente cabían 26 hombres, pero era solo él: Robinson.

Intentó hasta lo imposible, Dios sabía que lo hizo. Apenas logró mover la nave unos metros, faltaban cien para llegar adonde las olas rompían, pesaba mucho y decidió pensar, calcular y buscar una solución.

Tras muchas reflexiones y cuentas, Robinson estimó que duraría diez o doce años en abrir un canal hacia la costa, inundarlo y -si no puedes ir al mar- que el mar venga a uno.

A regañadientes desistió de su plan, lo cual le causó gran pesadumbre, y “ahora veía, aunque demasiado tarde, la insensatez de iniciar una tarea antes de evaluar el costo, y antes de juzgar, con justeza nuestra fuerza para emprenderla.”

La vida y extrañas y sorprendentes aventuras de Robinson Crusoe, publicado el 4 de abril de 1719, fue la primera novela inglesa; su magia e innovación cautivó la imaginación de todas las generaciones hasta nuestros días, 300 años después.

Crusoe pasó casi 28 años, dos meses y 19 días en aquella isla, y aprendió -tras fracasar en su intento de fabricar un bote y navegar- que necesitamos organización y planificación antes de iniciar un proyecto.

Robinson es un héroe de todos los tiempos, porque encarna la valentía, el riesgo, la lucha por la supervivencia, la aceptación de la soledad, el crecimiento interior, la fe, la conservación de la cultura, la generosidad y la reflexión.

Todos hemos tenido un naufragio en la vida. Con lo poco que rescatamos, volvimos a empezar, solos, en una isla desierta, rodeados por el mar, a merced de la naturaleza y… tras mucho esfuerzo, nos levantamos.

Al fin, el 11 de junio de 1687 regresó a Londres, un barco lo rescató. En la vida solo debemos llevar, aquello que podamos cargar en un naufragio.

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