La lluvia cesó. Aprovechamos la noche para salir a caminar, y atender el llamado de la naturaleza. En eso que levanté la pata para orinar, y vi unas lucecitas titilantes.
Estoy listo para mi primer mundial. Tengo mi camiseta tricolor, pegamos frente a la computadora el calendario de juegos, y nos organizamos para ver la mayor cantidad de partidos.
Apenas escuché: ¡Viene el diablo!, alcé las orejas, moví de un lado a otro la nariz, gruñí y me pegué bien fuerte a las piernas de Mi Amigo, para protegerme del alboroto de humanos a mi alrededor, sobre todo sus escandalosas crías.
Mi nombre es Argos. Pero ¿Cómo se llamaba el perro más antiguo, del que tenemos memoria? Así le aullé a la oreja de Mi Amigo, mientras caminábamos rumbo a la Feria, para comprar las frutas, verduras y legumbres de la semana.
Sabía mucho, hasta que fui a la escuela. Algo así me dijo Mi Amigo mientras caminábamos hacia la peluquería, la de él; yo voy al “grooming”, pero prefiero andar greñudo y con los faldones llenos de nudos.
Cada perro es un mundo. A uno le ladran historias de humanos que -sin manos- sostienen los pinceles con la boca y pintan obras de arte; o el científico que usaba una computadora para hablar; muchos casos de superación de la adversidad.
Cuando la pedrada está pal´perro, ni quitándose el tiro. Eso repite Mi Amigo, ante lo inevitable. Pero, a veces, no entiendo a los humanos, con sus extrañas frases.
Los caninos somos ciudadanos del mundo. Las nacionalidades y las fronteras carecen de importancia para nosotros; en eso somos diferentes a los humanos, que tienen un arraigo especial con el país donde nacieron.
Alejandro Arias Monge, conocido como alias Diablo y considerado uno de los líderes criminales más buscados de Costa Rica, fue capturado la madrugada de este viernes, durante un operativo del OIJ en Horquetas de Sarapiquí. La acción dejó cinco agentes judiciales heridos tras un intenso intercambio de disparos.