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miércoles, julio 17, 2024
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Mascotas: La promesa es de los humanos, no nuestra

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Argos, de la Casa de Ulises


Cuando comencé a ver esa marea de sapiens, pasar por la calle a pie, me cansé de ladrarles; iban -según me aullaron- en peregrinación a Cartago, quería ir pero me dijeron que era muy largo, además de prohibido llevar perros, gatos y hasta caballos.

Usé todos mis recursos de persuasión: jadear, menear el rabo, guindarme de las piernas, brincar, correr de un lado para otro; ninguno resultó, y debí contentarme con ir a la Fuente de la Hispanidad a ver las multitudes.

Entre tantas personas pude ver sapiens con alguna discapacidad, adultos mayores, e incluso niños en cochecitos; unos marchaban solos, otros en grupo.

Los caninos creemos en el Gran Perro -un ser semejante a nosotros- solo que invisible, y dispuesto siempre a cuidarnos.

Un veterinario explicó en ladrinet que una peregrinación de esa naturaleza, tiene consecuencias negativas en nuestra salud; sobre todo en camaradas sin el entrenamiento adecuado. 

Soy buen caminador; según los datos de Mi Amigo, todos los días recorremos un promedio de diez kilómetros, entre idas y venidas al parque, husmear en las aceras y rondas para estirar las patas.

Pero una cosa es salir a patear el barrio, y otra darle seguido por muchas horas. Ese esfuerzo físico sostenido nos rompe las almohadillas de las patas, por las cuales transpiramos; nos desacomoda las caderas y toda la estructura corporal.

Según la hora de la peregrinación nos deshidratamos, padecemos problemas respiratorios, taquicardia, fatiga severa y el colapso total; también los humanos deben de meditar si pueden realizar ese desgaste.

Quienes llevan a su mascota lo hacen de buena fe, para compartir esa experiencia, porque somos capaces de ir hasta el fin del mundo, con nuestra manada.

Sin embargo, hay personas que aprovechan la peregrinación para abandonar a su mascota, dejarla perdida entre el gentío.

Al final de cada romería, las organizaciones de rescate animal, reportan varias decenas de caninos desorientados, hambrientos y enfermos.

Ocurre también, que los romeros, con muy buena intención, acarician o alimentan a los mestizos callejeros; estos se van tras ellos y después no pueden regresar.

Por eso, las autoridades serán más estrictas este año y decomisarán perros, gatos, caballos, y todo animal no humano; además, estará prohibido ingresar con mascotas a las unidades de transporte público, ya sean buses o el tren.

Quienes vivan en los alrededores de la Basílica de Los Ángeles, deberán extremar sus medidas de protección, porque el gentío, el bullicio, los juegos de pólvora y el alboroto, pueden afectar el ánimo de sus mascotas.

Mi Amigo me explicó que esas personas caminan tantas horas, incluso días, desde diferentes lugares, para mostrar gratitud hacia La Virgen de Los Ángeles; la gran mayoría cumple una promesa.

Ahí fue cuando entendí por qué no iré a la romería, porque la promesa es de los humanos, no nuestra.





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