
Por Orlando López orlando.1593@gmail.com
Experto en salud, seguridad y medio ambiente
Cada 28 de abril se conmemora el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, una fecha que va mucho más allá de una simple celebración en el calendario. Es, en realidad, un recordatorio urgente, de que el trabajo no debería costarle la vida ni la salud a nadie.
Este 2026, la Organización Internacional del Trabajo ha puesto el foco en un tema que durante años ha sido subestimado: los riesgos psicosociales en el trabajo.
Este año la OIT nos vuelve a hacer un llamado a que revisemos lo que estamos sintiendo, cómo estamos gestionando las emociones y sus manifestaciones en nuestros organismos. Y como organización que controles, medidas tenemos para la identificación, cuantificación y mitigación de estos riesgos
Cuando el riesgo ya no es solo físico
Durante años, hablar de salud ocupacional era pensar en controles operativos e ingenieriles para los riesgos físicos únicamente. Hoy, eso sigue siendo importante, pero ya no es suficiente, la modernización y la digitalización de las industrias han puesto una carga emocional y mental superior volviendo el factor psicosocial protagónico en las gestiones del riesgo
Y son estos los riesgos que, al no verse, más bien sentirse, representan una complejidad de identificación y valorización mayor a los riesgos físicos, químicos y biológicos:
Los riesgos como:
- El estrés crónico
- La fatiga mental
- La sobrecarga digital
- La falta de pausas reales
Están directamente ligados a cómo se organiza y gestiona el trabajo.
¿Y qué significa esto para las empresas?
Significa que la seguridad y la salud en el trabajo debe tener como eje modular su concepto en sí que no es únicamente la ausencia de enfermedad si no un estado completo de bienestar. Y sus estrategias y planteamientos para el resguardo de la integridad de su población laboral debe considerar esa integralidad desde la estrategia, lo táctico y la operatividad.
Aplicar el enfoque que promueve la OIT implica, en la práctica:
- Escuchar activamente a las personas trabajadoras: entender qué les está afectando realmente, más allá de lo evidente.
- Actualizar las evaluaciones de riesgo: incorporar factores psicosociales, no solo físicos.
- Formar y sensibilizar continuamente: la prevención no es una charla al año, es una cultura diaria.
- Promover entornos saludables de forma integral: desde la ergonomía hasta la salud mental.
- Crear espacios seguros donde los colaboradores puedan ser vulnerables y puedan expresar lo que sienten, lo que viven y acompañarlos en ese proceso con ayuda profesional.
A veces se piensa que mejorar la salud laboral requiere grandes inversiones. Pero la realidad es que muchos cambios comienzan con decisiones simples como respetar horarios y tiempos de descanso, evitar la cultura de la urgencia permanente, fomentar liderazgos más humanos, reconocer señales de agotamiento antes de que sea tarde.
Este 28 de abril no debería quedarse en un mensaje institucional o en una campaña interna. Es una oportunidad para hacer una pausa y preguntarnos con honestidad: ¿Nuestros espacios de trabajo están cuidando realmente a las personas?
Porque al final, la seguridad y la salud de los trabajadores es responsabilidad de todos en una organización, iniciando por el colaborador mismo.
Hoy más que nunca entender que el bienestar integral del colaborador no es solamente lo correcto, es lo rentable.
Un colaborador cuidado, apreciado y atendido es un ejecutor de éxito.
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