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viernes, octubre 9, 2026
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¿Derecha o izquierda? o cómo a la naturaleza le gustan los juegos de manos

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Por Redacción. Esta nota fue elaborada con asistencia de IA

Mire sus manos, la derecha y la izquierda se parecen muchísimo, tienen los mismos dedos y cumplen funciones similares, pero no son exactamente iguales; si coloca una frente a un espejo verá la imagen de la otra, aunque nunca podrá superponerlas perfectamente.

Algo parecido sucede con algunas moléculas, pueden existir en dos formas casi idénticas, una sería la versión «derecha» y la otra la «izquierda»; los químicos las llaman moléculas quirales, pero para comprender el Premio Nobel de Química 2026 basta imaginarlas como moléculas con dos manos.

La vida escogió una mano

Aquí aparece el misterio, cuando los científicos fabrican determinadas moléculas en un laboratorio normalmente obtienen una mezcla de las dos versiones, unas «derechas» y otras «izquierdas»; sin embargo, la naturaleza hizo algo diferente, los seres vivos utilizan preferentemente una de ellas.

Por ejemplo, los aminoácidos que forman nuestras proteínas utilizan una determinada orientación, mientras los azúcares relacionados con nuestro ADN utilizan la contraria; los científicos conocen esta preferencia como homoquiralidad, aunque recordar el término no es necesario para comprender el fenómeno.

Durante más de un siglo existió una pregunta desconcertante: ¿cómo consiguió la naturaleza escoger una de las dos posibilidades y descartar prácticamente la otra?

El científico francés Henri B. Kagan y el japonés Kenso Soai ayudaron a encontrar una respuesta; por eso recibieron el Premio Nobel de Química 2026.

Una pequeña ventaja puede convertirse en enorme

Podemos imaginar dos equipos que comienzan un partido prácticamente empatados, uno consigue una pequeña ventaja y ocurre algo extraño: cada punto conseguido facilita obtener el siguiente; la diferencia aumenta cada vez más hasta que uno termina dominando completamente.

Kagan descubrió en 1986 que algo parecido podía ocurrir durante ciertas reacciones químicas, una pequeña diferencia entre las dos versiones de una molécula podía hacerse mucho mayor conforme avanzaba la reacción; aquella observación ofreció una pista importante para explicar cómo una «mano» molecular podía terminar imponiéndose sobre la otra.

Una molécula que ayuda a fabricar más moléculas como ella

Soai llevó aquella idea todavía más lejos, encontró una reacción extraordinaria: el producto obtenido ayudaba a producir más producto semejante a sí mismo.

Piense en una fotocopiadora muy particular, primero aparece una sola copia, pero esa copia ayuda a fabricar otras; las nuevas copias ayudan a producir todavía más y el proceso continúa, de manera que una ventaja inicialmente pequeña acaba multiplicándose enormemente.

En un experimento de 1995, Soai comenzó con una diferencia de apenas un 2 % entre las dos versiones y terminó con una diferencia del 87 %; aquello demostraba que una pequeña desigualdad inicial podía crecer de forma extraordinaria durante la reacción.

Años después consiguió algo todavía más sorprendente, una pequeñísima ventaja surgida al comienzo podía amplificarse hasta lograr que una de las dos versiones representara el 99,99 % del resultado final; en otras palabras, una de las dos «manos» moleculares terminaba dominando casi por completo.

¿Y para qué sirve todo esto?

Aquí el Nobel deja de parecer una curiosidad de laboratorio y entra en nuestra vida cotidiana, porque nuestro cuerpo también distingue entre moléculas «derechas» e «izquierdas»; una manera sencilla de comprenderlo es imaginar una llave y una cerradura, dos llaves pueden parecer iguales, pero solamente una entra correctamente en determinada cerradura.

Con algunos medicamentos sucede algo parecido, una versión de la molécula puede producir el efecto que buscamos, mientras su imagen en el espejo puede tener un comportamiento diferente; por eso resulta tan importante que los químicos puedan controlar cuál de las dos fabrican.

Los descubrimientos premiados ayudan precisamente a comprender y controlar estas reacciones, algo importante para fabricar medicamentos, pero también determinadas fragancias, aromas, productos agrícolas y nuevos materiales; en todos estos casos, saber qué versión molecular se está produciendo puede resultar decisivo.

Una pista sobre el origen de la vida

Pero queda una pregunta todavía más fascinante: ¿por qué la vida escogió originalmente una de las dos manos? Los experimentos de Kagan y Soai no nos dicen exactamente qué ocurrió cuando apareció la vida en la Tierra, pero demostraron algo que antes parecía extraordinariamente difícil: una diferencia molecular casi insignificante puede crecer, reforzarse y terminar haciendo que una de las dos versiones domine sobre la otra.

Por eso el Nobel de Química 2026 puede resumirse sin fórmulas ni palabras complicadas: Kagan y Soai ayudaron a explicar cómo la química puede elegir entre dos moléculas que parecen iguales, pero funcionan de manera diferente; además, mostraron que una diferencia mínima puede multiplicarse hasta convertir una de esas dos posibilidades en la dominante.

Y detrás de ese descubrimiento permanece una de las preguntas más hermosas de la ciencia: si la naturaleza tenía dos manos para elegir, ¿por qué la vida terminó utilizando principalmente una?


Información adicional en:
Real Academia Sueca de Ciencias. https://www.kva.se/en
The Nobel Prize. Sitio oficial de los Premios Nobel https://www.nobelprize.org
Royal Society of Chemistry. https://www.rsc.org

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