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miércoles, febrero 1, 2023
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Una triple mezcla de cocaína, estrés y sobrepeso arrastraron al abismo de la soledad a Kirstie Alley

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Imagen por Don EMMERT / AFP


Tras la lluvia de éxitos, vino la sequía del fracaso. Nadie le ofrecía empleo; la soledad la empujó a engullir comida a toda hora, y llegó a pesar casi 250 libras.

Fue el festín de los “paparazzi”; la persiguieron día y noche para lograr una instantánea de su decadencia.

Ella los pateó, les gritó y en todas las fotos salía mostrándoles el dedo anular levantado. Quedó marcada como una indeseable, en la lista negra de Hollywood.

La vida de Kirstie Alley fue un lecho de espinas; desde la noche de 1981, cuando un chofer borracho mató a su madre Lillian, y dejó herido al padre, Robert.

Ella nació el 12 de enero de 1951, y un agresivo cáncer de colon acabó con su vida el 5 de diciembre del 2022. Tenía 71 años.

Para sus fanáticos siempre será Mollie, la contadora de Mira quién habla, una exitosa cinta que filmó en 1989, y tuvo dos secuelas, de regular calidad.

Antes -en 1982- encarnó a Saavik, una oficial científica, del planeta Vulcano, en Star Trek II, la ira de Khan; y fue nominada al premio Mejor Actriz de Reparto.

En 1987 recaló en Cheers, la típica serie gringa de enredos, donde interpretó a Rebecca Howe, una camarera desesperada y neurótica.

Algunos consideran esta comedia como una de las mejores de la televisión norteamericana; Kirstie ganó un Premio Emmy, y un Globo de Oro.

Pecados de familia

La familia de Kirstie era de Kansas; allí nació en el hogar de Lillian Mickie -ama de casa- y Robert Deal Alley -empresario forestal-.

Creció con dos hermanos, Colette y Craig; los tres fueron al colegio de Whichita, y ahí destacó por su talento para la animación.

Intentó seguir estudios universitarios, pero los abandonó a los 21 años, para probar suerte como actriz; combinó ese arte con trabajos en diseño interior.

Por aquellos días se casó -a los 19 años- con su novio de la secundaria -Bob Alley- de quien se divorciaría, y este le heredó el apellido Alley.

Sus primeras apariciones fueron para el olvido, si bien en una ocasión ganó $5,000 en el programa de concursos Match Game, en 1979.

A los 31 años tocó la fama en La ira de Khan; actuó en cinco películas más y en Norte contra Sur, la crítica exaltó su papel como Virgilia Hazard.

La vida le sonreía. Buenos contratos, reconocimiento internacional, premios, y otra visita a la vicaría, para casarse con el actor Parker Stevenson, a los 32 años.

Tuvo un aborto espontáneo y eso le impidió volver a concebir, pero adoptó dos niños, William -conocido como True- y a Lillie.

Se divorció de Parker, y nunca más volvió a casarse, o al menos a vivir con alguien; aunque reconoció que el gran amor de su vida era John Travolta.

Muérete bonita

Kirstie no pudo asimilar el éxito logrado en los años 80 y 90, del siglo pasado; Cheers y la trilogía de Mira quién habla, la catapultaron al estrellato.

El complejo de diva la hundió. Los chismes rosa asociaron al consumo de cocaína, su ausencia en los rodajes, cambios de humor y arranques de cólera.

De ese infierno trató de salir abusando de la comida chatarra, y como fracasó, cayó en las garras de la Iglesia de la Cienciología.

Con más de cien kilos encima, el frívolo Hollywood la tiró a la cuneta; de ahí emergió con Organic Liaison, una línea y un plan de productos para adelgazar.

También actuó en Fat Actress, un reality show donde las cámaras siguieron su rutina para perder peso, y al parecer rebajó 34 kilos, pero volvió a ganarlos.

Debido a ello, y a que los productos adelgazantes no eran tan mágicos como afirmaba, la demandaron por publicidad engañosa y debió vender la marca.

La bajada continuó con su apoyo a la causa republicana de Donald Trump, en 2016; y aún más por sus mensajes radicales durante la pandemia.

En plena crisis apoyó a Trump contra la cadena CNN, a quienes acusó de crear un clima de terror sobre las muertes ocasionadas por la epidemia mundial.

Para Kirstie “puedes estar cocinando metanfetamina, acostándote con prostitutas, mientras no hayas votado por Trump”.

Los internautas la hicieron puré en las redes sociales, y la tacharon de insensible e ignorante. La soledad la rodeó y apagó su brillo.

No sabemos cuáles fueron sus últimas palabras, pero le calzarían perfecto las que dijo Julie, la niña que parió en la segunda parte de Mira quién habla.

Cuando la recién nacida vio a su hermanito Mikey, le dijo: “No me molestes niño, tuve un día agotador, así que no hables”.

Foto por Francois Guillot/AFP




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